MUSA
En condiciones normales o adversas la letra no fluye, requiere de siete sentidos, concentración, esfuerzo y trabajo, silencio y el tiempo que esté en nuestra mano, si andamos en el noble empeño de traer al papel algo que medio valga la pena. Otra cosa es -aquí la sonrisa que aflora a mi cara- en estados favorables donde el cosmos nos obsequia con la esencia del benévolo equilibrio de su verbo; liviano clama el logos. Grata sensación, maravillosa. Es entonces, como ahora, que brota de entre el suelo la robusta yerba grama y la mandrágora hechicera dando pies; por los poros de mi piel, musgos, líquenes, el muérdago afanoso. Vuelvo a ser árbol entre los olivos, encinas, almendros, jigueras y cálidos pinos fragantes; las hojas danzan con el Sol en mis manos trovando de día; de noche beben en el pálido azul de la Luna. Torno a estar en paz porque teniendo a la Musa ya nada me falta. Tropeles de versos pidiendo salida, escribir, liberar, por condena, sin más. Y así vivo contento, arrimado a plenilunios y equinoccios, sonsacando el son que buenamente salga de las teclas o el estilo, de la punta de mi cero cinco negro; cantando lo mejor que llevo dentro.
INVOCANDO A ERATO
Alma alada a mi sueño encadenada,
Musa errante susúrrale otro canto
a este amante que te ha buscado tanto,
nívea boira el sol le ciega helada.
Uno son su soneto y tu balada,
eres tú la que plañe por su llanto
la que arropa su frío con tu manto,
abriendo va tu día en su alborada.
Deshazte luna en lágrimas fugaces,
arrasa blanco otoño el firmamento;
belladona hechicera, dónde naces,
exánime te anhelo, encantamiento;
llévame arroyo al lecho en el que yaces,
aguardaré el murmullo atento al viento.

